lunes, 20 de octubre de 2014

Cuando los padres son una bomba de relojería.

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Una de las cosas que más afectan a la relación padres e hijos es la ira mal manejada de los padres. Cuando nos enfadamos con nuestros hijos, los sentimientos se agolpan en nuestro interior. Salen de nuestra boca verdaderas serpientes que acaban asustando a nuestros hijos, hiriéndoles en el alma y destrozando nuestro prestigio.

No hablo de un vulgar enfado sino de cuando nos invade la ira, cuando estamos a punto de perder todo nuestro autocontrol y solo nos quedan tres segundos para agredirles físicamente, echarlos de casa o traspasarles toda nuestra basura emocional con palabras de recriminación exageradas y fuera de lugar. Es prácticamente instintivo. El cansancio, el estrés, la impotencia, las dificultades económicas, nuestra propia limitación para manejar el comportamiento de nuestros hijos nos convierten en una bomba de relojería.

Somos humanos y en algunas circunstancias podemos tocar fondo. Sabemos que desahogarnos de esa manera no conduce a nada, tan solo al abatimiento, al rencor y al arrepentimiento posterior. Y a pesar de saberlo, lo hacemos. En ocasiones, hasta nos sorprende a nosotros mismos la magnitud de nuestra ira.

¿Cómo podemos manejar nuestra ira sin convertir a nuestros hijos en víctima de ella?
  • Trasforma la ira en necesidades y sentimientos. En lugar de culpar a tus hijos céntrate en ti.

    No pienses: Por su culpa ahora tengo que…
    Piensa: Siento ira porque necesito…
  • No les hagas responsables de tu ira. Ellos son responsables de su comportamiento pero no de tus sentimientos. Puedes corregirlos con cariño y disciplina o puedes perder los estribos y desencadenar toda tu ira. Eso lo eliges tú, no ellos. Si les haces responsables de tus sentimientos, les da a entender que ellos gobiernan tus emociones, depositando sobre sus espaldas una carga que no es la suya y dándoles un poder que a la larga puede ser contraproducente para ti.

    NO les digas:

    • ¿Ves cómo me has puesto de nervioso?
    • Haces que me ponga histérico
    • Por tu culpa me has estropeado el dia
    Diles:

    • Cuando no te levantas a la primera, me pongo nervioso porque me haces llegar tarde.
    • Me enfado porque no cumples con tu trabajo y eso me da más trabajo a mí.
    • Hoy ha sido un día duro para mí y estoy más cansado de lo habitual

  • Hazte una pregunta, SOLO UNA, cuando estés a punto de perder el control: ¿Qué va a aprender mi hijo con mi reacción desmesurada? Lo que aprenda hoy con tu manejo de la ira es lo que aplicará posteriormente cuando la sienta también, incluso contra ti. Esto te ayudará a expresar tu ira de una manera menos reactiva. 
  • Revisa tus expectativas. Hay que exigir pero de manera proporcional a sus capacidades. Si las sobrepasas estarás constantemente defraudado e insatisfecho, siendo más fácil sentir rabia e ira.
  • Aléjate de tu hijo. Así de sencillo. Cuando notas que se te acelera el corazón y se te retuerce el estómago es el momento de no decir ni una palabra más y alejarte de él: Me voy a mi habitación; cuando me haya tranquilizado un poco hablaremos de lo que ha ocurrido aquí.
  • Analiza el motivo principal de tu ira. ¿Te enfadas porque tu hijo se va al colegio sin hacer su cama o porque estás desbordado de trabajo, porque no recibes la ayuda que esperabas de tu pareja, etc? A veces, junto a nuestra ira, conviven otros sentimientos de soledad, abandono, incapacidad o rencor que no se arreglan desahogando la ira con tu hijo sino siendo consciente de ello y trabajando de manera personal.
  • Y si has explotado, nunca es tarde para pedir perdón. “Sigo muy enfadado por lo que has hecho pero reconozco que podría habértelo dicho de otra manera. Lo siento. Intentaré que no se repita”.

Elena Roger Gamir
Pedagoga
Centro de Desarrollo Cognitivo COGNITUM

miércoles, 15 de octubre de 2014

Ayúdale, no le castigues

Podría dejar un resquicio abierto a la duda pero no, no debo hacerlo, el castigo no es una buena herramienta educativa, todo lo contrario, el castigo “hace descarrilar el proceso de aprendizaje de habilidades para la vida”.
Muchos de nosotros nos sentimos insatisfechos atajando el mal comportamiento con técnicas punitivas pero también sentimos que nos faltan herramientas que sirvan de alternativa al control y la coerción.

No hay fórmulas mágicas, pero sí se puede ser un adulto que utilice los conflictos como oportunidades para enseñar competencias, que tenga una actitud compasiva del niño y que siempre tenga por estrella polar el derecho del niño a ser tratado con dignidad y respeto ¿No es esa nuestra tarea de educadores?

Si te atrae la idea coge el hatillo, comencemos a andar el camino del aprendizaje hacia las nuevas habilidades educativas.

Primer paso, ¿tienes claro que los niños están tomando decisiones todo el tiempo? Pues es así, tienen muchísimas ideas sobre el mundo pero, como dice Jane Nelsen, no suelen encajar bien con las nuestras. ¿En ese proceso de toma de decisiones siempre saben qué es lo adecuado, tienen que saberlo, pueden saberlo, admites que tengan otras prioridades distintas de las tuyas? Y ¿comprendes que se equivoquen, que se desanimen, que supongan, que malinterpreten? Y si lo hacen ¿deben pagar por ello? ¿Solo así se aprende, haciendo que el niño se sienta mal?

Todos los niños tienen la necesidad de saber cómo funcionan ellos, cómo funciona el entorno y las personas. Nos necesitan. Necesitan cuidados, atenciones, afecto y necesitan disciplina para poder andar por el mundo más o menos de modo responsable, autónomo y feliz. Pero la disciplina no es castigar cada vez que el niño no sigue la ruta que creemos les llevará a buen puerto. La disciplina es mostrar con claridad y consistencia, con afecto y calidez, las alternativas que tiene para reflexionar, valorar, decidir, equivocarse y lograr soluciones que le capaciten para superar los problemas. Sí, la disciplina nos debe hacer más libres.

Muy difícil sí, pero esta es la primera decisión que tendríamos que tomar para avanzar por el camino de la educación, entender que la calidad de las relaciones que entablemos con el niño son decisivas para un aprendizaje exitoso de desarrollo socio emocional. Calidad no significa andar todo el día tras el niño con esas frases que a todos nos son familiares “deja de hacer esto, no hagas lo otro, te lo digo por última vez, vete a tu cuarto”.

Difícil, sí, sigamos dando pasos sólidos. Cuando un niño se porta mal ¿qué es lo que te importa? ¿Lo que ha hecho? Míralo de otra manera, piensa ¿lo que ha hecho puede ser un signo de un código emocional que debemos escuchar y comprender? ¿Pudiera ser su manera inconsciente de pedir ayuda? ¿No sería mejor saber para qué ha desplegado esas estrategias? Si todos los niños quieren sentirse bien y sentirse bien es percibir la cercanía emocional de adulto ¿puede ser que esté interpretando que con esa conducta lo logra?

Un niño de dos años que interrumpe continuamente tus conversaciones, una pequeña de tres años que no quiere vestirse por las mañanas, un chico de seis años que te dice airado que te odia cuando le requieres para ordenar la habitación, un adolescente del que recibes notificaciones del colegio porque no tiene interés en las clases, no aprovecha su jornada escolar y trae malas notas… Cualquiera de estas situaciones va a requerir de nosotros unaactitud amable. Para afrontar el mal comportamiento no hay que gritar, ni amenazar, ni hacer aflorar sentimientos de miedo o vergüenza porque siempre hay que respetar la dignidad del niño. No mostrar ira, sarcasmo, venganza, no nos resta autoridad, nos acerca a ella.

¿Y entonces se queda sin solventar el problema? ¿Nos desobedecen y sin embargo hay que respetar al niño? Volvamos a los ejemplos anteriores, vamos a buscar la comprensión y la colaboración del niño aplicando a la vez, en cada una de las situaciones, la amabilidad y la firmeza al mismo tiempo.

Al niño de dos años puede que otras experiencias que ha vivido le hayan sugerido una interpretación errónea para que la manera de lograr tuatención sea interrumpirte, reclamarte continuamente (los niños están probando todo el día),… puedes castigar, mandarlo “a pensar”, tal vez pares el comportamiento pero ¿has enseñado algo? ¿Has logrado conectar con la mente infantil? ¿Desconoces que no puede reflexionar? Exige lo que es justo.

Y si, en lugar de castigar, exploras tus sentimientos, los que despierta su mal comportamiento, los que son la llave para saber para qué hace lo que hace, “me siento molesto” “quiere mi atención” y le enseñas cómo debe lograrla.

·  Anticípate a las situaciones conflictivas, si el niño se porta mal cuando conversas informa “voy a hablar por teléfono, cuando acabe seguimos haciendo la torre de construcción”,

·  hazle una señal de reconocimiento “acaricia su pelo, pon tu mano en su brazo”,

·  distrae con otra actividad que le asegure un comportamiento de utilidad, tal vez todavía no es consciente de que ya es capaz de hacer cosas por símismo “estoy hablando, puedes pintar tu muñeco de colores”,

·  Asegúrale momentos especiales de forma regular “dedícale tiempo pero no ofrezcas atención indebida, aunque sea castigando, porque creerá que ha logrado la finalidad”…

·  Actúa más y habla menos, las grandes disertaciones y sermones no funcionan con un niño de dos años, di así no, coge su mano y llévalo a algo que pueda hacer, así sí.

Cuando no manejamos adecuadamente las demandas de atención indebida los niños pueden interpretar que portarse mal rebelándose a nuestras órdenes les procura la pertenencia.

Más conflictos proclives al castigo. Cierto es que los niños de tres añosandan debatiéndose entre la necesidad de la aprobación adulta y sus deseos urgentes de autonomía y exploración. Esto es un desafío continuo, el poder personal. Una pequeña de tres años que no quiere vestirse, las mañanas son duras, madrugar, horarios, nervios. Si castigas a la niña porque te ha sacado de tus casillas es muy probable que la niña no se muestre en absoluto colaboradora ni razonable, estás imponiendo, le has quitado de un plumazo el margen de rectificar y decidir, de expresarse (aunque sea mal, de tener iniciativas). Es muy posible que todas las mañanas tengas una lucha de poder porque has ignorado que su finalidad inconsciente es “no me visto para demostrar que no puedes dominarme”. Te sientes retado. Aprovecha la oportunidad para que aprenda que tiene derecho a sentirse mal pero que hay otras maneras de manifestarlo porque algunas no son aceptables.

·  Haz tablas de rutinas conjuntamente con la niña. A todos nos gusta tener poder sobre nuestras vidas. Conocer qué se espera de ella es motivador y alienta la colaboración.

·  No pelees ni cedas, enseña a respetar opciones para ello la niña debe percibir claramente que tiene alternativas (limitadas y fijadas con antelación, a medida que se hacen mayores, consensuadas) “por la noche se sacan dos camisetas y dos pantalones, por la mañana, ella valora ¡tú decides!”. Si elige otra, sé firme, esta no es una opción.

·  Haz algo inesperado, todo no hay que resolverlo con mala cara, muestra comprensión y empatía, “sé que no tienes ganas de vestirte, a mí también me faltan las fuerzas por la mañana, puedes desayunar primero y luego vestirte” “A los niños que les cuesta despertarse les ayuda un abrazo muy apretado”

El niño que “se venga”, tercera meta errónea en el mal comportamiento. Un niño que te dice que te odia es un niño desanimado, ha probado las otras estrategias anteriores y llega a la decisión de que solo puede devolvernos sufrimiento, se siente lastimado.

Tienes un campo excelente para demostrar autorregulación, justo aquello que le estarás, expresa o subliminalmente, imponiendo, ten en cuenta que los únicos sentimientos que puedes controlar son los tuyos.

·  Sé honesto, “te sientes mal y yo enfadado y muy dolido”.

·  Pregunta ¿qué te haría estar mejor? Escucha de manera genuina.

·  Te va a parecer música celestial pero es necesario que le quede muy claro el mensaje de que crees en él. La confianza motiva al niño a emprender la superación de los problemas.

·  Busca acuerdos. “Puede que te sientas así porque llevo todo la semana fuera de casa, buscaremos tiempo para estar juntos ¿cómo podemos organizarlo?, necesito tu ayuda”.

·  Cualquier intento de corrección le alejará más de ti, la vía es la conexión.

·  Luego, con calma, contar la historia para elaborar habilidades de reparación. Empatiza con él, pon toda la energía en la búsqueda de soluciones ¿tú cómo te sentirías si te yo te dijera eso? ¿cómo puedes mejorar para expresar tu malestar sin herir a las personas?

Y llegamos a ese muchacho de catorce años que reclama con urgencia autonomía, privacidad, poder ejercitar su poder y tiene una familia muy controladora o muy permisiva, en ambos casos, escaso reconocimiento de individualidad, demasiadas imposiciones y prohibiciones o nulas orientaciones y valoraciones que alienten autoestima. Insuficiencia, incapacidad, esta será la meta que persiga este muchacho con su mal comportamiento, “no hay manera de superar mi sentimiento de inferioridad, percibo un entorno para el que no soy importante, no puedo hacer nada para modificar mi suerte. No soy capaz”.

Él se siente incapaz y tú desesperado. Ten paciencia. ¿Crees que es mejor castigar? ¿No es más efectivo el desarrollo de la consciencia de la propia capacitación? ¿No lo harías con alguien que te pidiese ayuda?

No hagas las cosas por él pero deja patente que confías en él, es la base de la autoconfianza.

En cualquier caso, en todos ellos:

·  Decide qué harás. Lo importante no es solucionarlo siempre en el instante, si no te encuentras centrado, con autocontrol, exprésalo honestamente, recupera la calma y entonces sí, ya estás en buena disposición de ofrecerle lo mejor de ti al niño. Esta es una magnífica enseñanza para vivir, no arreglar todo de cualquier forma sino cuando nuestro cerebro racional puede acceder a controlar las emociones.

·  Fija y enseña normas, si son pequeños, con su colaboración si son mayores. Los niños no nacen con las normas aprendidas, comprueba que las entienden bien, y establécelas cuando están receptivos. “Todos los miembros de la familia aportan su contribución a las obligaciones diarias de un hogar”.

·  Fija las consecuencias de no respetar límites. A ser posible con consecuencias naturales, “no quiero comer, no hay imposición pero tampoco comida hasta la cena, de este modo podré explorar las consecuencias de tener hambre”. Sin tono sarcástico, sin amenazas, con amabilidad y firmeza.

·  Si no puede hacerlo, no lo exijas, el del comportamiento inadecuado serías tú. Si puede hacerlo por sí mismo, no medies, le impedirías vivir los procesos que enseñan, saberse autónomo y capaz, quererse a sí mismo. Se ha equivocado, deja tiempo para que tenga oportunidad de pensar en los resultados de su decisión así como en las posibles soluciones.

·  Cuida tu lenguaje. En los conflictos no sentencies, no juzgues de antemano“otra vez has vuelto a pegar”, “¿qué puedes hacer para relacionarte amigablemente con este niño?”

Deberíamos seguir, no son una ni dos, son muchas las alternativas al castigo. Todo lo escrito no es aplicable para todos, cada cual debe ver qué es idóneo para sus hijos, para su familia pero sí hay algo que nos sienta bien a todos, el reconocimiento a ser tratados con dignidad y respeto


Marisa Moya

Creo no recordar en mi vida algo que no tenga que ver con la infancia, vocación y formación (siempre inconclusa) dadas de la mano, son mis aliadas y compañeras. Maestra de escuela, psicóloga, facilitadora para padres de Disciplina Positiva y desarrollo profesional ya de 36 años, siempre en Educación Infantil. Hoy dirigiendo y desarrollando el proyecto escuela enREDada en Escuela Infantil Gran Vía.


martes, 14 de octubre de 2014

¿Atreverse o equivocarse?

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La lógica infantil funciona así: ¿Cómo me voy a atrever a hacer cosas nuevas si cada vez que me equivoco me castigas o me juzgas? Si no lo intento, no me equivoco y no hay castigo. Es así de sencillo.

Y es lógico. Los seres humanos evitamos a toda costa sufrir. Si las consecuencias por equivocarse son muy dolorosas, nuestros hijos mentirán para evitarlas. También evitarán arriesgarse para no sufrir. Desobedecerán si saben que no pueden alcanzar nuestras expectativas. Harán cualquier cosa para evitar el sufrimiento. O para evitar decepcionarnos, que también forma parte de su sufrimiento.

Por eso, enséñales que equivocarse es bueno. Que es una oportunidad de aprendizaje. Para ello, comienza creyéndolo tú. Un error es un problema que no han sabido solucionar.
Y como todo problema, deben encontrar una solución. No un castigo.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos-com

domingo, 12 de octubre de 2014

3 RAZONES POR LAS QUE NO MENTIMOS A NUESTROS HIJOS, NUNCA

3 Razones por las que no mentimos a nuestros hijos, nunca
Cada poco tiempo, entre las amigas surge el debate sobre si es conveniente o más bien necesario mentir a los hijos de vez en cuando. En nuestro caso lo tenemos claro y por ello queremos compartir las "3 Razones por las que no mentimos a nuestros hijos, nunca"

1. Ser un buen ejemplo para ellos: Si queremos que nuestros hijos sean honestos y no digan mentiras nada mejor que no mentirles a ellos. Pensamos que en la tarea de educar, arrastra mucho más el ejemplo que las palabras. Esto no significa que nos convirtamos en santos pero si que, poco a poco, debemos tomar conciencia de nuestros defectos y, en la medida de lo posible, tratar de corregirlos. Eso de "yo es que soy muy gritón" o es que "yo soy así" está muy bien por lo que auto crítica tiene pero nunca nos hemos de conformar y al educar podemos aprovechar para "educarnos" también a nosotros mismos. A fin de cuentas, si no lo intentamos, ¿cómo podemos exigir a un niño que no lo haga?

2. Ser referente de honestidad: En la vida nuestros hijos recibirán información e influencias de muchos sitios: noticias, los amigos, la escuela, los políticos,... A veces no sabrán en quién pueden o no confiar. Queremos que, pese al tiempo y pase lo que pase, siempre sientan que lo que les decimos (que podrá ser más o menos aceptado y mejor o peor recibido por ellos) es cierto. Y sobre todo, que pueden confiar absolutamente en nosotros. Cuando son pequeños esta confianza es automática pero en otras etapas de su vida, más críticas como la adolescencia, creemos que haber sentado unas buenas bases en nuestra relación con ellos es fundamental.

3. Confiar en ellos: Tener seguridad en su capacidad para entender las cosas, si se las explicamos con paciencia y adecuándonos a su nivel, hace que nuestra relación con los niños sea mucho más justa. Además, pensamos que este voto de confianza hacia ellos favorece su autoestima  y su sentido de la responsabilidad.

¿Qué pasa con las mentiras piadosas? Algunas de estas mentiras como las típicas de "no te va a doler" a la hora de ponerse la vacuna o la de "tómatelo que está muy rico" ante la ingesta de un medicamento pueden hacernos la vida más sencilla en un momento dado pero a la larga terminan minado la confianza de los pequeños hacia nosotros.

¿No se pueden gastar bromas? Pues hombre, el sentido del humor es fundamental en la vida y así tratamos de trasmitirlo a nuestros hijos. Las bromas son parte de esto y son perfectamente compatibles con un "estilo de vida honesto" aunque estén acompañadas de una historia fantástica para "hacer caer en ellas". Eso sí, intentamos hacerles entender que se trata de una ficción para un fin jocoso.

¿Y qué hay de las tradiciones y las fantasías? Este es el tema más peliagudo. En nuestro caso somos absolutamente honestos, no nos visitan Reyes Magos, Papás Noeles, Hombres del saco ni Ratones o Hadas con un gran amor por los dientes de leche. Esto es así porque somos terribles contando mentiras y, aparte de pillarnos a la primera, nos sentiríamos incómodos ante las frecuentes preguntas que surgen alrededor de estos temas. Sin embargotenemos nuestras propias tradiciones y recibimos regalos en Navidad, jugamos a "Papá Noel" y nos divertimos en familia intentando conciliar nuestras creencias en materia educativa con las tradiciones familiares. Además, tratamos de explicar a nuestros hijos que en cada familia existen diferentes tradiciones y que todas son igual de hermosas y especiales.

lunes, 6 de octubre de 2014

10 razones por las que los dispositivos portátiles deberían estar prohibidos para niños menores de 12

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La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría han declarado que los niños de 0 a 2 años de edad no deberían tener ningún tipo de exposición a la tecnología.

En el caso de niños de 3 a 5 años su uso debería restringirse a sólo una hora diaria, y en los niños de 6 a 18 años debería limitarse a 2 horas por día (AAP 2001/13, CPS 2010). Los niños y jóvenes usan tecnología de 4 a 5 veces más que la cantidad recomendada, con consecuencias graves que a menudo pueden llegar a poner en peligro sus vidas (Fundación Kaiser 2010, Niños Saludables y Activos de Canadá 2012). Los dispositivos portátiles (como los teléfonos celulares, los tablets, y los videojuegos) han aumentado dramáticamente el acceso y el uso de la tecnología, especialmente en los niños de muy temprana edad (Common Sense Media, 2013). Como terapeuta ocupacional pediátrica, les pido a los padres, a los maestros y a los gobiernos que prohiban el uso de todos los dispositivos portátiles a niños menores de 12 años.

A continuación, encontrarán 10 razones, basadas en investigaciones, para fundamentar esta prohibición.

1. El rápido crecimiento del cerebro

Entre los 0 y 2 años, el cerebro de los niños triplica su tamaño, y continúa desarrollándose rápidamente hasta los 21 años de edad (Christakis 2011). El desarrollo temprano del cerebro está determinado por los estímulos ambientales, o por la falta de ellos. Estimular a un cerebro en desarrollo a través de la sobreexposición a la tecnología (teléfonos celulares, internet, iPads, TV), ha demostrado tener una relación con la función ejecutiva y  el déficit atencional, retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, aumento de la impulsividad y la disminución de la capacidad autorregulatoria, por ejemplo, las rabietas (Small 2008, Pagini 2010).


2. Retraso del desarrollo

El uso de la tecnología restringe el movimiento, lo que puede resultar en un retraso en el desarrollo. Hoy en día, uno de cada tres niños comienza la escuela con algún tipo de retraso  en su desarrollo, lo que  impacta de forma negativa la alfabetización y el rendimiento académico. El  movimiento mejora la atención y la capacidad de aprendizaje (Ratey 2008). El uso de la tecnología en niños menores de 12 años es perjudicial para el desarrollo infantil y el aprendizaje (Rowan 2010).


3. Epidemia de Obesidad

El uso de la televisión y los videojuegos está relacionado con el aumento de la obesidad (Tremblay 2005). Los niños que tienen permitido tener un dispositivo en sus dormitorios tienen un 30% más de riesgo de ser obesos (Feng 2011). Uno de cada cuatro canadienses, y uno de cada tres niños estadounidenses son obesos (Tremblay 2011). El 30% de los niños con obesidad desarrollan diabetes, y las personas obesas tienen un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y un ataque cardíaco, lo que acorta  gravemente la esperanza de vida (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades 2010). Principalmente debido a la obesidad, los niños del siglo 21 podrían ser la primera generación que no sobreviva a sus padres (profesor Andrew Prentice, BBC News 2002).


4. Déficit de sueño

El 60% de los padres no supervisa el uso de la tecnología de sus hijos, y al 75% de los niños se les permite tener algún tipo de tecnología en sus habitaciones (Fundación Kaiser 2010). El 75% de los niños entre 9 y 10 años sufre de privación del sueño y como consecuencia, sus calificaciones se ven negativamente afectadas (Boston College 2012).


5. Enfermedades mentales

El uso excesivo de tecnología es un factor determinante en el aumento de las tasas de depresión infantil, ansiedad, trastorno de vinculación, déficit atencional, autismo, trastorno bipolar, psicosis y el comportamiento problemático (Universidad de Bristol de 2010, Mentzoni 2011, Shin 2011, Liberatore 2011, Robinson 2008). Uno de cada seis niños canadienses sufre de una enfermedad mental diagnosticada, muchas de los cuales requieren de una medicación psicotrópica peligrosa (Waddell 2007).


6. Agresión

El contenido violento de los medios puede provocar agresión infantil (Anderson, 2007). Los niños pequeños están cada vez más expuestos a la creciente  violencia física y sexual que está presente en los medios de comunicación de hoy en día.  El videojuego “Grand Theft Auto V” retrata explícitamente temas sexuales,  asesinato, violación, tortura y mutilación, al igual que muchas otras películas y programas de televisión. Los EE.UU. ha categorizado la violencia en los medios como un riesgo de salud pública, debido al impacto causal en la agresión infantil (Huesmann 2007). Informes de los medios muestran un aumento del uso de restricciones y habitaciones de aislamiento para los niños que exhiben una agresión descontrolada. 


7. Demencia digital

La alta velocidad de los contenidos en los medios puede contribuir al déficit atencional, así como a la disminución de la concentración y la memoria, debido a que se genera una poda cerebral de las huellas neuronales en la corteza frontal (Christakis 2004, Small 2008). Los niños que no pueden poner atención, no pueden aprender.


8. Adicciones

Al mismo tiempo que los padres se apegan más y más a la tecnología, ellos se desconectan más y más de sus hijos. Ante la ausencia de apego a los padres, los niños que se sienten desconectados pueden acercarse a los dispositivos, lo que puede resultar en adicción (Rowan 2010). Uno de cada 11 niños entre 8 y 18 años son adictos a la tecnología (Gentile 2009).


9. Emisión de radiación

En mayo de 2011, la Organización Mundial de la Salud clasificó a los teléfonos celulares (y otros dispositivos inalámbricos) como un riesgo de clase 2B (posible cancerígeno), debido a la emisión de radiación (OMS 2011). James McNamee junto con Salud de Canadá en octubre de 2011, emitió una advertencia, diciendo que “Los niños son más sensibles a una variedad de agentes, en comparación con los adultos, ya que sus cerebros y sistemas inmunológicos aún están en desarrollo, por lo que no se podría asegurar si el riesgo sería igual para un pequeño adulto como para un niño”. (Globe and Mail 2011). En diciembre de 2013 el Dr. Anthony Miller de la Universidad de la Escuela de Salud Pública de Toronto recomendó,  basándose en una nueva investigación, que la exposición a las radiofrecuencias debería ser clasificado como 2A (probable cancerígeno), y no como 2B (posible cancerígeno). La Academia Americana de Pediatría solicitó la revisión de las emisiones de radiación de los campos electromagnéticos que producen los dispositivos tecnológicos, citando tres razones relacionadas a la repercusión que tienen sobre los niños (AAP 2013).


10. Insostenible

Las formas en que los niños son criados y educados con tecnología dejaron de ser sostenibles (Rowan 2010). Los niños son nuestro futuro, pero no existe un futuro para los niños que abusan de la tecnología. Un enfoque en equipo es urgente y necesario, para así poder reducir el uso de la tecnología en los niños.

domingo, 5 de octubre de 2014

La misión familiar

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“Todos para uno y uno para todos”
Una de las premisas básicas para que una empresa obtenga los mejores resultados y crezca equilibradamente es que su equipo se involucre. Dicho proyecto debe tener un objetivo final, un enunciado que marque el rumbo de su actividad profesional. En términos empresariales se denomina misión de la empresa. Una empresa con unos principios claros es una empresa sólida y robusta, al menos, en sus pilares. Y esto asegura en mucho su éxito.

Esta mentalidad también se puede aplicar a la familia. Una familia con un enunciado familiar claro tiene asegurado un rumbo y una dirección y, por lo tanto, una coherencia educativa y de valores. ¡Una familia es mucho más que el mejor de los equipos!

Aunque pueda no parecértelo, es muy importante que la familia cuente con una misión común, con un objetivo familiar que le ayude a avanzar por una misma línea. Es un lema elegido por todos los miembros, aceptado y asimilado, que guiará el comportamiento y la forma de actuar de la misma. Es una especie de lema similar al que todos conocemos como “Todos para uno y uno para todos”.

Has de preguntarte y preguntar al resto de la familia cuál es vuestro propósito familiar, qué clase de familia queréis ser.¿Os queréis parecer a alguna en especial? ¿Qué relaciones y sentimientos queréis tener en la familia? ¿Por qué cosas estáis dispuestos realmente a luchar? ¿Cuál es vuestro hijo conductor?
Se trata de decidir qué clase de familia queréis ser y entonces identificar los principios que necesitáis para llegar allí.

¿Por qué un enunciado familiar?

Porque un principio familiar es mucho más que un principio individual. Con él se crea un espíritu de familia. Todos los miembros de la familia se comprometen inconsciente y conscientemente con él, produciendo una guía interna que les ayuda a tener claro su destino y a no salirse de este plan estipulado y elegido voluntariamente.

Una vez al año, revisión de la misión familiar

Una vez cada año, deberías incluir en una reunión familiar una revisión de la misión familiar. Todos deben proponer sin miedo sus ideas. Toma nota de ellas y escríbelas en un papel sin juzgarlas. Una vez escritas, cada miembro debe elegir los dos principios que considere más importantes. Posteriormente, de los principios seleccionados se elegirá uno que represente la misión familiar.

Cuando la familia ha propuesto los principios y seleccionado el mejor, es cuando llega el momento de escribir vuestro objetivo familiar y colocarlo en el lugar más visible de la casa (o incluso en todas las habitaciones).

¿Cuál es tu enunciado familiar?

A continuación encontrarás algunos enunciados que pueden darte una idea de lo que puede ser un objetivo familiar. Cada familia ha de buscar su lema y su principio conductor. Lo que para una puede ser importante, para otra puede no serlo tanto.

“La misión de mi familia puede ser”:

  •  Respetar los talentos de cada uno de nosotros, su individualidad y sus diferencias. ¡Somos únicos!
  •  No derrumbarnos ante los problemas y enfrentarnos a ellos con valentía y optimismo. ¡Nuestro sentido del humor es nuestra tarjeta de visita!
  •  Ser siempre honestos y consecuentes, sin tener nunca miedo a decir la verdad o a aceptar nuestras responsabilidades. ¡Somos dueños de nuestras acciones y las asumimos con valentía!
  • Demostrar nuestros sentimientos en cualquier circunstancia y que nos queremos tanto en público como en privado.
  • Conseguir hacer de esta casa un lugar de descanso y seguridad para todos nosotros y todos los que nos visiten.
  • Dar ejemplo de cohesión y amor a los demás y un modelo a seguir por otras familias.
  • Intentar hacer felices a los demás, siendo un motivo de cambio. ¡Podemos mejorar nuestro pequeño mundo!
  • Comunicarnos en todo momento con respeto, demostrándonos amor y expresando nuestros sentimientos. ¡El cómo decimos las cosas es tan importante como lo que decimos!
  • Aprender de nuestros errores para poder ser mejores día a día. ¡Equivocarse es bueno!Aceptamos con alegría las correcciones y ayuda de los demás. Somos humanos y no nacemos enseñados.
  • Valoramos nuestra familia, la protegemos y cuidamos. Todos somos importantes y todos contamos en ella. ¡Nuestra familia es nuestro bien más preciado!
  • Nos levantamos y acostamos con música y “trasmitimos” el ritmo a los demás en el trabajo, colegio, vecinos. ¡Nuestra familia es música!
  • Nunca dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy.
  • Hacemos lo que debemos cada momento, no lo que nos apetece o lo que es más fácil. ¡Esforzarse puede ser un desafío interesante!

Lo importante es que cualquier misión familiar nazca de la aportación de toda la familia, que todos la acepten como suya y así se comprometan anímicamente a defenderla.
Es posible que nunca te lo hayas planteado pero si lo pruebas verás con el tiempo que os ayuda a sentiros “una piña”, fuertes y cohesionados, ya sea como familia o como personas individuales.

Elena Roger Gamir
Pedagoga
Centro de Desarrollo Cognitivo Cognitum

 

  

jueves, 2 de octubre de 2014

Premiar las notas... ¿Una herramienta educativa?

Autor: Pablo Pascual Sorribas, Maestro, licenciado en Historia y logopeda. | Fuente: catholic.net 
Premiar las notas... ¿Una herramienta educativa?
Muchos padres, llenos de buena voluntad, prometen a sus hijos grandes premios para animarles a estudiar. Pero los educadores ven en ello un método arriesgado que no siempre viene acompañado de mejores resultados.
 
Premiar las notas... ¿Una herramienta educativa?

Todos tanto padres como educadores deseamos fervientemente que nuestros hijos y alumnos saquen buenas notas en el colegio. La inteligencia es un factor muy complejo que, afortunadamente, los psicólogos y profesionales de la enseñanza tratan cada día con más delicadeza y profundidad. Ahora ya se sabe que hay muchas clases de inteligencia, una de ellas es la que necesita para superar los exámenes escolares. Pero afortunadamente no es la única. Aunque el valor de una persona no puede ni debe medirse por el catalejo miope de las calificaciones académicas, lo cierto es que en la sociedad actual tienen un valor desmesurado, y que los padres hacemos todo lo que podemos para que las notas de nuestros hijos sean lo más brillantes posible. 

Dentro de esta dinámica, un recurso muy utilizado por los padres es ofrecer a su hijo un regalo si aprueba la evaluación o si saca buenas notas. Pero estas técnicas no acostumbran a tener el resultado que habíamos imaginado.
No conozco a ningún estudiante al que le guste fracasar en sus exámenes. La satisfacción por el éxito es algo natural en las personas pero los padres acostumbramos a explotarlo muy poco. Infravaloramos esa necesidad que tiene todo ser humano de demostrarse a sí mismo y a los demás lo que es capaz de hacer y la sustituimos por un bien material. Pero en realidad, la alegría y el bienestar interior que producen el éxito y la superación de las dificultades, no se puede suplir con ninguna recompensa material.

¿Qué pasa cuando prometemos un regalo para que el estudiante apruebe?

Un padre de primero de básica me dijo que le había comprado un juego de construcción a su hijo Antonio porque se había superado en la segunda evaluación. Le dijo: "Si te sigues esforzando y las próximas notas mejoran, te compraré otro juego de construcción". Supongamos que todo va bien y obtiene el regalo. Cuando llegue segundo, probablemente, Antonio le pedirá a su padre un regalo mejor y más caro. ¿Qué pasará en tercero de primaria?, ¿y en segundo de ESO? Yo lo imagino diciendo a su padre: "O me compras la moto o no apruebo". Y esa no es una buena manera de proceder. Las buenas notas se han de elogiar, ensalzar, aplaudir, todo lo que queráis, pero jamás comprar. El trabajo del estudiante es estudiar. El nuestro es apoyarle en todo lo que necesite como estudiante y como persona. Reconocerle sus méritos, habilidades y ayudarle a aceptar sus limitaciones que también las tiene, como todo el mundo.

Además, cuando a pesar de la recompensa prometida, el niño no triunfa, la sensación de fracaso aumenta porque no ha conseguido la meta ni siquiera con los estímulos anunciados. Desde esta perspectiva, cuanto más grande es el premio, mayor es el malestar interior que provoca el fracaso y más disminuye la autoestima.

Yo no creo que sea una buena técnica prometer para aprobar. Otra cosa diferente es que toda la familia se alegre de los éxitos de uno de sus miembros, lo alaben y lo festejen. Llegan las notas, son buenas, todos nos ponemos contentos, felicitamos al triunfador y se celebra de la manera que a la familia le parezca más oportuna: yendo todos a cenar a su restaurante favorito, al parque de atracciones, regalando (¿por qué no?) aquello que tanta ilusión le hacía y que había pedido para Reyes... 

Quizás tú, como padre o madre, me dirías ahora que te acabo de dejar sin la única herramienta que conocías y ponías en práctica para motivar a tu hijo en sus estudios. En este caso te pregunto: ¿Te funciona? ¿Tu sentido común te dice que los premios que le has dado hasta ahora están dentro de unos límites razonables? ¿Acepta tu hijo que no siempre puede haber premios extras? Si ya tiene más de 10 u 11 años, ¿es consciente de que el regalo es un detalle para demostrar tu alegría por su éxito, pero que lo importante es lo que ha aprendido porque le servirá para aprender más y ser cada día más inteligente?

Si la respuesta a estas y otras preguntas similares es positiva, puedes seguir con tu sistema de motivación. Probablemente, junto al premio material pones en práctica otras estrategias de las cuales tal vez no eres consciente. 

Pero si los éxitos no llegan, los regalos son exagerados o sientes que tu hijo se está "materializando" e incluso haciéndote chantaje para estudiar, ("si no me compras la moto…") tal vez sea el momento de buscar otras técnicas de motivación más adecuadas.